GENGIS KHAN
Fue uno de los personjes que tuvo el dominio de casi todo el oriente.
Aquí hablo un poco acerca de su vida.
Nació en las desoladas estepas de Mongolia, allí donde el frió y el viento hacen a los hombres duros como el diamante, insensibles como las piedras y tenaces como la hierba áspera que crece bajo la nieve helada.
Su padre era Yesugei, caudillo del clan Borjigin, y su madre se llamaba Ilun. Hasta los trece años, Temudjin, verdadero nombre de Gengis Khan, no tuvo oportunidad de demostrar su temple extraordinario. A esa edad parecía ya un hombre por su estatura y su vigor. Era capaz de cabalgar durante un día entero y de disparar un arco como el mas diestro de los soldados.
Tras morir su padre Yesugei en extrañas circunstancias, el jovencísimo Temudjin se mostró dispuesto a sucederle como jefe de aquella tribu de nómadas feroces. Los lugartenientes de su padre se burlaron de aquel mozalbete, pero, temerosos de su constitución física, decidieron ponerle un pesado yugo de madera en el cuello y lo amarraron a el las muñecas para venderlo como esclavo. Una noche, Temudjin derribo a su guardián, le aplasto el cráneo con el yugo y escapo, ocultándose en el cauce seco de un arrollo. Desde allí oía el galope de los jinetes que recorrían la llanura en su búsqueda.
Al amanecer, salio a rastras de su escondite y convenció a un cazador errante para que le librase del yugo y le ocultase. Unos días después, sano y salvo, se reunió con algunos leales y emprendió una lucha a muerte contra sus enemigos.
Junto a Toghrul Khan, el mas poderoso de los reyes mongoles de la época, Temudjin encontró el apoyo que necesitaba. A los diecisiete años se caso con Burdu, una de las hijas de Toghrul, y consiguió reunir una pequeña tropa de fieles y vigorosos seguidores.
Inmediatamente reemprendió la lucha. Atraídos por su fama, muchos hombres acudían ahora de todos los lados para alistarse bajo su mando y aceptar su disciplina, a la vez exigente y justa. Veinte años de continuas victorias hicieron de Temudjin el khan mas temido del desierto, no solo por el numero y el valor de sus guerreros, sino también por su prodigioso sentido de la organización.
Pero Temudjin era también inexorable y despiadado como la estepa y su terrible clima.
Invariablemente mataba a cuantos pretendían compartir con él el poder o simplemente le desobedecían.
Fue uno de los grandes conquistadores de su tiempo.
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