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EL VALOR DE UNA MADRE

En el caserío de " los Cerrillos", del distrito de san Juan de los molinos, provincia y departamento de ICA, vivía doña Elisa Gutiérrez Lévano, juntamente con su esposo don pedro Hernández peña, y sus dos menores hijos llamados pedro Hernández Gutiérrez y julio Hernández Gutiérrez, de tres y cinco años de edad. Respectivamente, no estudiaban por ser padres de escasos recursos económicos, ambos trabajadores agrícolas, en la "hacienda grande" de propiedad de don Alberto Massa Bernales, eran unas personas muy queridas por los pobladores del mencionado caserío. Tenían que salir a su hogar todos los días a las siete de la mañana y regresaba a su hogar doña Elisa Gutiérrez Lévano, a la salida de sus trabajo a las doce del día, a preparar los alimentos tanto para sus menores hijos, como para su esposo, y después de realizar estos quehaceres de su casa reingresaba a su trabajo a las dos de la tarde al igual que su esposo don pedro, y la salida del trabajo de dona Elisa Gutiérrez Lévano era a las cinco de la tarde, un dia veinticuatro de mayo del dos mil cinco, pudo observar de lejos que su casa se encontraba en llamas, y al llegar a su casa tanto fue su sorpresa que no podía abrir el candado de la puerta de su casa, ya que sus hijos se encontraban encerrados ya que la mayor parte de la casa, se encontraba en llamas, y al lograr abrir el candado no tubo reparo alguno en entrar al interior de su casa, sin importarle su vida, con el único fin de salvar sus dos menores hijos que se encontraban al fondo de uno de los cuartos de su casa, todos asustados, y como su vivienda tenia parte de caña con barro logró abrir un boquete y lograra que salieran sus dos hijos, todos traumados, y asustados, pero doña Elisa Gutiérrez Lévano se quedó, con el fin de sacar algo de sus casas, ya no pudo salir por el boquete porque las llamas de fuego abrazaron, y cuando recién llegaron las primeras amistades, para lograr apagar el incendio ya era muy tarde su cuerpo de doña Elisa Gutiérrez Lévano ya se encontraba toda calcinada y de la casa no había quedado nada, solo escombros, a los pocos minutos después su esposo don pedro, que los esperaban se arrodillo y se puso a llorar incansablemente frente a los restos que habían quedado de su querida esposa doña Elisa Gutiérrez Lévano y luego pregunto por sus dos menores hijos, que estaban al cuidado de las primeras amistades que había llegado a sus casa, entonces los abrazo y su llanto era interminable, y expresaba porque sus vecinos no pudieron hacer nada porque la mayoría eran trabajadores de la “hacienda grande” algunos estaban trabajando otros recién salían de sus labores, camino a sus casas.     Expresaba porque dios lo había castigado, dejando a sus dos hijos sin madre. Después de lo sucedido llego el patrón de la “hacienda grande” don Alberto Massa Bernales, quienes cubrieron con una sabana, los restos que habían quedado de doña Elisa Gutiérrez Lévano, y ambos se dirigieron a la ciudad de ICA, para dar aviso del fallecimiento ante la fiscalia de turno, para que ordene su levantamiento del cadáver. Habían preparado una casa para su velatorio. El patrón don Alberto Massa Bernales le ordeno a su esposo y trabajador de la fallecida que lo acompaña a la ciudad de ICA, a comprar el ataúd y el nicho todo lo necesario para su velatorio de doña Elisa Gutiérrez Lévano. Se habían reunido sus amistades, familiares, autoridades del lugar, y el propietario de la “hacienda grande”, expresaba todos sus trabajadores y empleados, que al día siguiente les dio día libre para que fueran a acompañar a su amiga su ultima morada, donde fueron llevados sus restos en hombros de su esposo don Pedro Hernández, familiares y amistades a la iglesia del distrito de san José de los Molinos, donde se iba a celebrar una Misa, por el párroco de jurisdicción, luego de concluida la misa fueron llevados los restos de doña Elisa Gutiérrez Lévano al cementerio de Saraja, seguido de una gran multitud y de una banda de músicos. 

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